De Menorca me fascinó su naturaleza, en especial su gran colorido, biodiversidad y variedad de plantas en una isla de tan solo 700 km2. No en vano fué declarada en 1993 Reserva de la Biosfera.
Menorca es una de esas islas que se debe descubrir poco a poco, paso a paso. Durante mis largos paseos por la isla empezé a descubrir multitud de plantas medicinales y mi interés creció de año en año. Al principio mi curiosidad innata, después con interés por conocer sus virtudes y usos. A medida que iba conociendo las plantas empezé a interesarme sobre la influencia de la luna en su plantación, formas de recolección y usos de las mismas. Esto me llevó a empezar a plantarlas en mi propio jardín de una finca “lloc” en el sur de la isla donde vivo. Con el tiempo esa curiosidad se convirtió en pasión, pasión por las plantas, pasión por la naturaleza y sus secretos, guardados de madres a hijas, de generación en generación.
Empeze a realizar cursos para aprender fitoterapia y a experimentar con cremas para mi misma, utilizando las plantas que había plantado en mi jardín y las que iba encontrando en mis paseos por el campo, haciendo la maceración en los aceites durante la época apropiada y asignada por la luna. Las cremas se fabrican a través de medios totalmente artesanales y con ingredientes naturales y biológicos.
Después las utilizaron mis amigos siempre con resultados muy satisfactorios, a raiz de ello me animaban a que tenía que dar a conocer mis cremas que tan bien les habían ido, ya que están realizadas con productos naturales con mucho cariño y respeto por la naturaleza, como las hacían nuestros antepasados
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